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lunes, 8 de octubre de 2012

Cada maestrito con su librito



Tenemos mucha información. Mucha, muchísima, demasiada.

En todas las librerías -ya sean gigantescas o chiquitas y encantadoras como la de Meg Ryan en Tienes un e-mail- hay una sección completa o al menos un estante combado por el peso de los libros dedicados a la "Maternidad" (¿alguien vio, alguna vez, un sector rotulado “Paternidad”?).  Cada vez hay más programas de televisión y se publican más revistas donde los pediatras, psicoanalistas, gurúes y "especialistas" de diversas áreas se jactan de tener la pócima mágica para desenredar el complejo proceso de ser madres.
Lo que pocos parecen preguntarse es si es necesario desenredar algo, si la complejidad del rol y sus dilemas no son parte misma de la maternidad. 
Parecería ser que hoy hay una variedad enorme de "maneras de ser madre". Cada maestrito tiene su librito y fundamenta sus razones: si hay que darles pecho o biberón, si es mejor o peor dejarlos dormir en nuestra cama, si hay que marcarles los límites con firmeza o dejarlos crecer a su aire… Sea como sea, sigamos a quien sigamos, en algún momento sentimos que estamos fallando, sobre todo cuando los hijos llegan a la adolescencia y ninguna de nuestras certezas nos sirve para capear los temporales. 
Lo que pasa es que, más allá de sus buenas intenciones, los consejos y recomendaciones de los "especialistas" encubren la convicción de que existe una sola manera correcta de hacer las cosas. Y esa manera no es tan distinta a lo que siempre se consideró que una buena madre debería ser y hacer. Por debajo de la variedad subyacen los mitos de la madre santa, estándares inalcanzables que nos someten a una exigencia extrema y nos hacen sentir culpables. A pesar de todos los cambios en la sociedad, de los nuevos roles que cumplimos las mujeres, todavía vivimos en un paradigma en el cual de nosotras depende todo lo bueno y lo malo que les pueda ocurrir a nuestros hijos. Visto así, ser madre es una tarea peligrosa. Al pensar que nuestros actos dejarán una marca indeleble en nuestros hijos nos recorre un terror indescriptible: ¿Estaré haciéndolo bien?... ¿Seré una buena madre?
Como entendemos que a todas nos pasan más o menos las mismas cosas, en este blog no verán levantarse deditos acusadores ni encontrarán recetas infalibles. Vamos a conversar sobre la experiencia real de ser madres, con todos los matices que eso implica: ternura, dedicación, amor profundo... y también dudas, conflictos, culpa y temores que vienen en el combo con los hijos. Más que una pócima mágica, lo que tenemos es un caldero lleno de preguntas que nos ayuden a pensarnos como madres, a aceptar nuestros errores y a encontrar alternativas para resolver las partes más áridas de este viaje alucinante.
Mientras tanto, relájense y disfruten de este video divertidísimo, "Qué difícil es ser una madre progre" según Roxi:

domingo, 7 de octubre de 2012

Madre... ¿hay una sola?






Hay madres que cocinan y madres que piden pizza. Hay madres que trabajan y otras que se quedan en casa. Algunas visten a sus hijos con pulóveres de cuello alto y bufandas hasta bien entrada la primavera para que no se resfríen, y otras que los dejan andar descalzos en invierno para que fortalezcan sus defensas. Están las que adoran jugar con los chicos por largas horas y otras a las que les resulta insoportablemente aburrido, las que leen cuentos hasta que los niños se duermen y las que les dan un beso, apagan la luz y se van.

Algunas prefieren a sus hijos varones, otras a las mujeres y otras a las que les da lo mismo. Hay quienes son fantásticas con los bebés y otras que disfrutan más cuando los hijos son adolescentes. Las hay que parecen más jóvenes que sus hijas y otras al estilo de Rubens; estrictas y permisivas, presentes e indiferentes, gritonas y tranquilas,rockeras y sinfónicas, Susanitas y Mafaldas, las que se meten en todo y las que dejan hacer. Y también hay infinitas combinaciones entre todas  ellas.

A menudo escuchamos decir que “Madre hay una sola”. La frase de tango reivindica y consagra con un folclore tierno la mística de ser madres. Pero el problema con lo folclórico es que suele escapar con facilidad a la lupa del cuestionamiento. ¿Por qué es una sola? ¿Cuál es esa madre? ¿Cómo es? ¿Cuál es su tarea? ¿Hay una tarea? 

sábado, 6 de octubre de 2012

Madres e hijos en problemas





Hay momentos en que la relación con nuestros hijos fluye como un arroyo idílico y otros en que pareciera que se salió el tapón del fondo y nos encontramos girando como locos, ellos y nosotras, camino del desagüe. La situación es, como mínimo, incómoda, cuando no desesperante. Manoteamos, pataleamos y nos debatimos, sintiéndonos inútiles, incompetentes y culpables. Al alcance de la mano hay una tabla de madera con una leyenda pintada en letras fluorescentes: “Lo que una buena madre debería hacer”. Parece sólida, y nos aferramos a ella suponiendo que es la única manera de salir. Con alivio comprobamos que funciona, y por esta vez, zafamos.
¿Qué pasa cuando volvemos a caer en otro remolino? ¿O si nos caemos en el mismo, pero las aguas están más revueltas y giran a un ritmo de vértigo? Pasó el tiempo, los hijos crecieron, el río ya no es como era, y sin embargo nos empeñamos en usar la misma tabla. A veces funciona. A veces, no. Puede ser que la madera esté podrida o que los clavos que la sujetan a la salvación se hayan oxidado, pero no nos damos cuenta. También puede ocurrir que algún hijo no quiera usar esa vía de escape: ahora es un adolescente con ideas propias y quiere ponerlas a prueba.
Aunque es evidente que la tabla ya no brinda la misma seguridad de antaño, o que va a ser sumamente trabajoso forzar a ese hijo para que trepe por ella, el brillo hipnótico de las palabras nos obliga a pensar que esa tabla es la única manera de salir del problema. Y nos aferramos a ella con uñas y dientes. Tan concentradas estamos en el esfuerzo que no vemos que esta vez, desde el borde mismo del problema, cuelgan sogas, lianas y hasta una escalera; que esta vez puede haber alguien en tierra firme que escuche nuestro pedido de ayuda, o que esta vez ese hijo trae un tanque de oxígeno que le permitiría llegar hasta el fondo y poner el tapón en su lugar... si lo dejáramos hacerlo. Nada de nada, no vemos ninguna alternativa. Seguimos insistiendo, haciendo más de lo mismo.
Eso que deberíamos hacer, eso que suponemos que es lo único válido y que nos esforzamos cada vez más en cumplir aunque no sirva de nada o empeore la situación, nos viene dictado por un modelo de madre que hoy por hoy también está oxidado pero no ha perdido su vigencia. Aunque no seamos conscientes de su peso y su presencia, las certezas que tenemos sobre lo que es ser una buena o una mala madre rigen lo que pensamos y sentimos sobre nosotras mismas, nuestros hijos y la relación, condicionan nuestras decisiones y nuestra manera de actuar y pueden dejarnos a todos dando vueltas en un remolino sin fin. 

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Quiénes somos?


¡Hola! ¡Bienvenidos! Nos presentamos: somos Andrea Jáuregui y Diana Guelar, y con la colaboración de Sol Rietti hacemos Perfectamente Imperfectas, un blog que aspira a desdramatizar los errores comunes que cometemos las madres, sobre todo cuando nuestros hijos son adolescentes. Es casi un anti-manual: en vez de dar recetas y consejos, planteamos preguntas y proponemos alternativas para que cada mujer pueda aceptarse imperfecta y abrazar el estilo de madre que quiere y puede tener. Esperamos que nos visiten y nos cuenten sobre sus desafíos!